Formalmente, una democracia supone que todos decidimos en igualdad de condiciones: tenemos el mismo derecho a votar, podemos elegir entre distintas propuestas y nuestro voto vale lo mismo.
Cuando hablamos de democracia, solemos dar por sentada también otra cosa: que elegimos libremente.
Pero ¿somos realmente igual de libres al momento de elegir?
La igualdad ante la urna no necesariamente significa igualdad en las condiciones desde las que llegamos a ella. Nuestras necesidades, nuestra educación y la información a la que accedemos también condicionan nuestras decisiones.
Quizás exista entonces una democracia formal, la que podemos describir mediante derechos e instituciones, y otra real, determinada por las condiciones concretas en las que ejercemos esos derechos.
¿Podemos elegir con la misma libertad cuando conseguir trabajo, comer o tener un techo digno ocupa buena parte de nuestras preocupaciones? Tener derecho a elegir no elimina las urgencias desde las cuales elegimos.
¿Estamos en igualdad de condiciones para evaluar una propuesta si no todos contamos con las mismas herramientas para interpretarla, contrastarla o cuestionarla?
¿Decidimos realmente a conciencia cuando recibimos información sesgada, estadísticas sin fundamentos, consignas presentadas como hechos o debates construidos a medida de los candidatos?
Formalmente, todos llegamos a la urna con un voto. Pero no necesariamente llegamos con las mismas herramientas, la misma información ni la misma libertad frente a nuestras necesidades.
Esto no significa que quien tiene menos recursos, educación o información no sepa elegir, ni que alguien deba decidir por él.
Justamente sería contradictorio defender la democracia negándole capacidad política a una parte de la sociedad.
La pregunta es otra: si realmente hemos construido las condiciones para que esa libertad que declaramos pueda ejercerse de manera razonablemente por igual.
Hablamos constantemente de la brecha: económica, educativa, social, digital.
Pero si todas ellas terminan determinando las condiciones desde las cuales elegimos…
¿No será esta la verdadera brecha democrática?
¿Y a quién podría convenirle que esa brecha siga existiendo?
¿Los gobiernos trabajan para que todos podamos elegir en condiciones más iguales?
¿Somos nosotros los que realmente estamos eligiendo?